Aquí donde me veis, en mi adolescencia era heavy. Sí, sí, como lo oís, heavy. Vestía de negro y aborrecía el rosa; me gustaban los chicos más malotes del insti, y los vecinos me odiaban por la música atronadora con la que les hacía sufrir.
De hecho, me sigue gustando la música un poco macarra, pero, de un tiempo a esta parte, algo está cambiando en mi interior. Cada vez que veo un cupcake, una tarta de fondant o una libreta tuneada a lo scrapbooking, algo en mi interior me dice que ese es mi camino, que el mundo es un lugar mejor si lo llenamos de algodón de azúcar y emoticonos cuquis.
¿Acabaré vistiendo de rosa, siendo tan moñas como Amélie y cocinaré macarons ataviada con un delantal con volantes? El tiempo lo dirá... Mientras tanto, compartiré con vosotras, amigas, mi transformación: mamá, quiero ser maleni.

Jajajajaja, me siento muy identificada con lo que cuentas, yo también tengo el trauma de la antigua macarrilla que ahora hornea magdalenas xD
ResponderEliminar